sábado, 24 de noviembre de 2018

EL RETABLO DE SAN JUAN EVANGELISTA Y LA MUERTE DEL ESCULTOR CAMPORREDONDO

Camporredondo, Diego de 

   Hijo de Juan Félix de Camporredondo y Manuela de Alzu, nació en Calahorra y fue bautizado en la catedral de dicha ciudad el 18 de abril de 1706. Falleció en Peralta, de muerte violenta, en Noviembre de 1772.
   Fue arquitecto,retablista y escultor,igual que su padre,y realizó importantes obras en Navarra y La Rioja. Casado en primeras nupcias con Ana María González de Samaniego o Gómez de Samaniego, natural de Lardero y luego al enviudar, con María Antonia Ruiz de Oñate,vecina de Villafranca. De su primer matrimonio nació su hijo Bernardo con el que tuvo grandes desavenencias.
   En 1772 asumió la ampliación del retablo mayor de la Iglesia de San Juan Evangelista de Peralta. El cuerpo central del retablo, San Juan ante Portam Latinam, lo había realizado magistralmente el escultor aragonés José Ramírez de Arellano,a partir de 1766. Nacido en Baells(Huesca) hacia 1705 y fallecido en Zaragoza el 27 de Marzo de 1770, fué el más importante escultor, arquitecto de retablos y decorador aragonés del siglo XVIII, su fama y habilidad le llevaron a ocupar el cargo de director adjunto de las obras que dirigiera el arquitecto real Ventura Rodríguez en las obras del Templo del Pilar de Zaragoza, especialmente en torno a la Santa Capilla (1754-65).
   "Por escritura de convenios data en Peralta el 27 de Octubre de 1766, José Ramírez se comprometió a realizar el retablo mayor según diseño que había mostrado al patronato de la villa, por la cantidad de 20.000 reales <de a diez y seis cuartos>. Por el citado documento el escultor se obligó a hacer la historia principal -San Juan en el paso del martirio-, las figuras de San Pedro, San Pablo, Santiago el Mayor y San Andrés, un par de ángeles y las figuras de la Santísima Trinidad, en el plazo de cuatro años.
   Toda la obra se entregó en enero de 1771, muerto ya el escultor y transcurrido el plazo de entrega; el supervisor fue el maestro arquitecto de Madrid, José Ochoa, el cual declaró que todo se había realizado según el plan y condiciones de 1766, a excepción de algunas innovaciones que suponían mejora y en nada alteraban el conjunto y su escultura.
   Al año siguiente de la entrega,en el mes de marzo de 1772, el patronato de Peralta decidió ampliar el retablo con dos calles laterales y <ochavos>, obra que proyectó y ejecutó Diego de Camporredondo. Ambas alas laterales se unirían a la obra de Ramírez <de modo que no se discrepe nada> y en el centro de cada una de ellas se haría una historia <con el primor y arte que está executada la del retablo maior>; también sería obligación de Camporredondo hacer dos imágenes de apóstoles <que han de ser las siguientes en grado de las que oy están en el altar maior>, estableciéndose el precio de todo en 1000 pesos y el plazo para su ejecución en dieciocho meses.
   El conjunto del retablo adquirió mayor unidad al dorarse por los maestros José Bejes y Juan José del Rey a partir de abril de 1780.
   Pese a que el retablo en su integridad fue trasladado a la parroquia nueva desde la antigua en la primera mitad del siglo XIX, su acoplamiento a la cabecera poligonal del antiguo templo renacentista inaugurado en 1592 sería similar al actual.
   Un estudio de todo el conjunto muestra la diferencia entre la calle central,obra de José Ramírez,y las laterales trabajadas por Camporredondo, artista que no pudo dar a la obra la calidad de que había hecho gala el escultor aragonés, pese a los deseos de los de Peralta.Centrándonos en la parte de Ramirez, el retablo entra de lleno en el tipo que Boloqui denomina borrominesco por su movimiento en planta y alzados, utilización de columnas gemelas y simplificación de los motivos decorativos, entre otras características.
   Su planta,de trazado mixtilineo con un dinámico juego de curva-contracurva, contrasta con el planismo de las calles laterales. Estructuralmente, consta de un alto banco, cuerpo articulado por seis columnas de fuste estriado en su primer tercio y liso con decoración floral en el resto y capitel compuesto, sobre las que monta un entablamento que sigue los movimientos del banco que se corona por un frontón curvo partido.
   La decoración que se concentra principalmente en los tableros del banco, pilastras y frisos, se compone de motivos geométricos, flores, palmas y guirnaldas, es siempre extremadamente delicadas y en ningún momento enmascara la traza arquitectónica. Llama la atención en estas tierras, la ausencia de rocalla usada hasta la saciedad en los retablos de la época.
   Este retablo se concibe como un gran escenario que se nos abre para que presenciemos el martirio del titular; para conseguir esto se ha dispuesto la forma convexa del intercolumnio en el que se aloja la historia. La imaginería responde por completo a lo estipulado en el contrato, tan solo el sagrario primitivo, se sustituyó por una hornacina moderna en la que se venera la Virgen de Nieva.
   En el medio punto se narra el martirio del Evangelista, tal y como nos lo narra la tradición hagiográfica, salvo en algún pequeño detalle. Este pasaje de la vida del santo forma un conjunto con varias esculturas exentas y algunas en relieve con el fondo de una gran nube y un arco triunfal romano que se ha de identificar con la <puerta latina>.El Evangelista está con medio cuerpo sumergido en la tinaja de aceite mostrando un desnudo tan sólo envuelto por un dinámico manto caído y recogido en los bordes del recipiente y su brazo izquierdo; su anatomía parece la de un joven, tal y como nos presenta la tradición el hecho, que nos habla de cómo al introducirlo en el líquido hirviendo, el santo iba rebosando en juventud.
   A los lados se distribuyen diversos personajes en diferentes actitudes y posiciones teatrales, ejecutados con una calidades extraordinarias, por lo que se relacionan con lo mejor de la producción del artista en el altar de los Siete Convertidos en la Santa Capilla del Pilar.
   Los relieves que se encargaron al maestro de Calahorra, fueron dos escenas de la vida del titular de la parroquia, la Visión en Patmos y el Milagro ante los Jueces, junto a las esculturas de dos apóstoles.
   De los apóstoles, San Pedro es la figura más elegante y de mejor canon, viste como los otros túnica y manto con pliegues convencionales; su rostro acusa gran serenidad. San Pablo aparece con actitud grandilocuente con brazos desplegados y fuerte rostro barbado, al igual que el de San Andrés.
   La imagen de Santiago es la menos lograda del conjunto, presenta esquema similar al del mismo apóstol del retablo de la Madre de Misericordia del Hospital Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, atribuido por Boloqui al discípulo de Ramírez, Joaquín Arali, aunque este último es de mejor factura. El resto de la imaginería - ángeles del frontón y Santísima Trinidad- acusan el movimiento, gesto y aptitudes típicos del arte de Ramírez."
   Camporredondo no debió finalizar la obra debido a su muerte en aquel mismo año, quizás se hizo cargo su hijo de su terminación.

Datos extraídos del artículo "Contribución a la obra de José Ramírez en Navarra" por Ricardo Fernández Gracia. Departamento de Historia del Arte.Universidad de Navarra 
Enlace:https://datospdf.com/download/contribucion-a-la-obra-de-jose-ramirez-en-navarra-actas-del-iii-coloquio-de-arte-aragones-huesca-diputacion-provincial-1985-pags-249-262-_5a4b8ef4b7d7bcb74fb9e857_pdf

El asesinato del escultor Camporredondo

   Un resumen de lo ocurrido se puede sintetizar así: su proyecto para la ampliación del retablo se prefirió al presentado por el maestro avecindado en Madrid José Ochoa, hermano del cirujano de la localidad, Fermín Ochoa. Éste último, tras algunos altercados y desavenencias, hirió a Camporredondo junto al puente de Peralta, con resultado de muerte. Muchos de los testigos hablan de los motivos de discordia entre Ochoa y Camporredondo, citando la tasación del diseño de José Ochoa para el ensanchamiento del retablo de Peralta, que el maestro de Calahorra quería enviar a la Real Academia de San Fernando de Madrid.
Pelea en el puente
   Los hechos sucedieron sobre las tres y media o cuatro de la tarde del día 5 de noviembre de 1772, cuando Camporredondo caminaba por el centro del puente sobre el río Arga y se cruzó con Fermín Ochoa. Tras una mirada violenta y desafiante, ambos se enzarzaron, Camporredondo intentó sacar una navaja del bolsillo, Ochoa se abalanzó sobre él y, en versión de varios testigos, "lo vulcó y le dio una cogotada", mientras sostenía al escultor con la rodilla sobre su pecho.
   Tras propinarle unos golpes, Ochoa siguió su camino, no sin antes volver a amenazarle. El escultor se incorporó, se puso el gorro, pero la sangre le salía de la boca y la nariz, pidiendo agua a una mujer, que le preguntó qué es lo que había pasado. El herido respondió que "había sido la quimera porque le había dicho a Ochoa que lo miraba". Cuando intentaban llegar hasta una casa cercana, tuvo que recostarse en el atoque del puente, siendo necesario que un par de hombres le ayudaran. Antes de llegar al portal de la casa, su rostro mudó de color a la vez que se quejaba. Sus portadores lo sentaron en una silla y posteriormente en un colchón, en donde falleció inmediatamente.
   La partida de defunción quedó registrada en el correspondiente libro sacramental de la parroquia de San Juan Evangelista de Peralta del siguiente modo: "en cinco de noviembre de mil settezientos settenta y dos murió violentamente don Diego Camporredondo, natural y vecino de la ciudad de Calahorra, maestro escultor y residente en esta villa, por lo que no dio lugar para administrarle sacramento alguno y fue sepultado su cadáver en la parroquial de esta villa de Peralta y en fee de ello lo firmé, don Antonio Moreno, vicario". El mismo día, 5 de noviembre, Juan José Fernández, cirujano de Funes, reconoció el cadáver y el juez ordenó su levantamiento. Al día siguiente el mismo cirujano, en compañía de su compañero de profesión de Falces, Luis Atondo, hicieron una declaración sobre las posibles causas de la muerte del escultor. Ambos constataron la inexistencia de lesiones exteriores, tan sólo apreciaron ¿una contusión considerable en la parte superior del estómago sin efusión de sangre ni rompimiento de sus túnicas", que quizás pudiera haber sido hecha con un palo, la punta del pie u otra cosa semejante. El dictamen de los dos cirujanos terminaba con estas palabras: ¿por lo que somos del sentir según el dictamen de los antiguos como modernos, es mortal de necesidad y más siendo Camporredondo muy viejo y estar al mismo tiempo con alguna replexión en el estómago".
La justicia actúa
   A partir de aquellos hechos, la maquinaria de la justicia se puso en marcha, dictando orden de búsqueda y captura del cirujano, así como el embargo de todos sus bienes. Entre tanto, Fermín Ochoa se había refugiado en el convento de Capuchinos de Peralta, para huir más tarde a caballo, aprovechando la oscuridad de la noche. Los restos mortales de la víctima se inhumaron, el día 6 de noviembre en la antigua parroquia de San Juan Evangelista de Peralta, en la sepultura de don Javier Argaiz.
   Pasados aquellos momentos, los más trágicos del suceso, el fiscal comenzó a recabar pruebas de sesenta y cuatro testigos, a través de las cuales conocemos el resumen de los hechos. Algunas preguntas de los interrogatorios se centraban en el móvil o las causas de la enemistad entre Camporredondo y Fermín Ochoa. Las declaraciones de los primeros testigos comenzaron a aportar testimonios que hablaban de la enemistad de los dos a causa de la traza y ejecución de los costados del altar mayor de la parroquia de Peralta. Uno de ellos afirmaba: "mire V. M. en qué a venido a parar la traza, el pícaro asesino, como se la tenía guardada".
   Entre los testimonios más fidedignos destaca el del escribano real residente en la localidad, Ramón Escudero. Según su declaración, Diego de Camporredondo hizo una relación e informe sobre el proyecto que el hermano del cirujano, el escultor residente en Madrid José Ochoa, había propuesto para la ampliación del retablo mayor de la parroquia. El patronato optó por el plan que presentó el calagurritano, según el cual se estaba ejecutando. En buena lógica el encargo se habría hecho a José Ochoa, maestro que hasta entonces había tenido la confianza de la villa, ya que el año anterior, en enero de 1771 había reconocido el cuerpo principal del retablo que había trabajado José Ramírez.
   La intervención de Camporredondo y la adjudicación de la obra fueron muy mal asumidas por los Ochoa y, particularmente, por el cirujano. Este pidió el importe de las trazas que había elaborado su hermano y el patronato pidió a Camporredondo que fijase un precio. Como éste último se retrasase en hacer la estimación, Fermín Ochoa le pasó aviso en el mes de septiembre, con ocasión de encontrarse en Peralta su hermano José, para tratar de poner el precio. La respuesta del maestro calagurritano fue negativa, argumentando ¿que el diseño lo había de presentar en la Academia de Madrid y que allí se tasaría". Sin embargo, la villa como parte integrante del patronato de la parroquia, le apremió y Camporredondo afirmó que aquel diseño no se arreglaba al lugar en donde se tenía que colocar la ampliación del retablo y que apenas valía nada. Otros testigos iban más allá, declarando que el cirujano había amenazado a Camporredondo con venganza, aunque fuese en el mismo día del Corpus.
El cirujano se entrega
   En el mes de mayo de 1773, el cirujano homicida se entregó en la localidad de Arnedillo, e hizo su declaración en la cárcel de Pamplona el 12 de mayo de aquel año. Por su testimonio sabemos que tenía 50 años, que era natural de Tafalla y que estaba casado. El resumen de lo ocurrido el día de autos era, según su testificación, el siguiente: al cruzarse en el puente, cuando él salía de la villa y Camporredondo regresaba a ella, en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del Pero, se quitó el sombrero para saludar, diciendo: ¿parece que me mira Vd. de mal ojo", a lo que contestó que no era así; como el escultor siguiese pronunciando algunas expresiones contra él, el cirujano le agarró diciéndole que no le provocase más, pero Camporredondo se le acercó y ¿pegó dos morradas", intentando buscar una navaja que en forcejeo y, una vez en el suelo, el cirujano le arrebató. El maestro calagurritano le quitó a su vez el bastón y le insultaba diciéndole ¿pícaro y sinvergüenza". Cuando se enteró de la muerte del escultor huyó de Navarra, tras haberse refugiado unas horas en el convento de Capuchinos de Peralta.
   Entretanto, en el mes de marzo, el hijo del maestro difunto, Bernardo Camporredondo, declaraba en Peralta su convicción de que Fermín Ochoa no había querido matar a su padre y que todo había sido producto de la casualidad, perdonándole. El mismo Bernardo afirmó en otra diligencia procesal que era cierto que su padre solía llevar una pequeña navaja, que era la que el cirujano le había arrebatado en la riña y pelea. Paralelamente, Ochoa pedía pruebas testificales para demostrar que no tenía desafecto a Diego Camporredondo, así como para probar que era un buen cirujano. La sentencia del Real Consejo de Navarra fue una condena de seis años de presidio, que debía cumplir en la ciudadela de San Sebastián.
   Los autos del proceso contienen 130 folios redactados por el cirujano preso, que llevan por título: Disertación chirúrgicoapologética que Fermín Ochoa, maestro cirujano escribe en su defensa sobre la contusión y muerte de don Diego Camporredondo de que se halla acusado y sobre la nulidad de las declaraciones de los cirujanos de Falces, Milagro y Funes. Su contenido está dividido en cuatro partes; en la primera refiere "la relación verídica desde el instante de la pendencia hasta el insulto apopléctico", la segunda trata sobre la causa, la tercera, acerca del pronóstico y la cuarta y última sobre la temeraria apreciación.

Autor: D. Ricardo Fernández Gracia, Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro en la Universidad de Navarra.

Fuente:D.Ricardo Fernández Gracia.La actividad de Diego de Camporredondo en Navarra y el trágico fin de su vida en 1772.
 https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=192106

Biografía y obras de José Ramírez de Arellano: http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=10623

El retablo

El retablo de la Iglesia de Peralta está considerado como uno de los retablos más importantes de Navarra en el siglo XVIII.








   




Fotografias procedentes del Facebook de D. Javier Leoz Ventura,y de Google 




                                                 Fotografía de Miguel Angel Irigaray

    
Fotografía de Ainhoa Molina

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